lunes, 11 de mayo de 2009
domingo, 10 de mayo de 2009
jueves, 7 de mayo de 2009
Críticas al Calentamiento Global de Richard Lindzen
En medio del consenso científico generalizado que asegura que el calentamiento global es un hecho y que la actividad humana tiene mucho que ver al respecto, una voz disidente se eleva con fuerza para denunciar que detrás del debate sobre el cambio climático se esconde una turbia trama de corrupción y manipulaciones económicas y políticas.
Richard Lindzen es docente de la cátedra de Meteorología en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) con más de 40 años en la actividad. Su trayectoria siempre se ha caracterizado por una férrea oposición a las tendencias científicas mayoritarias. Lindzen ha estado investigando el clima de la Tierra desde la década de 1960 y sus trabajos sobre la dinámica de la atmósfera han sido reconocidos por sus colegas como una obra de importancia fundamental. Incluso en 1977 fue elegido como miembro de la sección de Geofísica de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.
Desde hace un tiempo, este polémico científico ha intentado demostrar que el calentamiento global no existe o que de producirse, podría resultar beneficioso. De hecho, en el año 2001 Lindzen publicó un documento en donde especulaba que a medida que la Tierra se calentara, el nivel de vapor de agua en la atmósfera superior disminuiría en intensidad, permitiendo la fuga del calor y provocando una reducción de la temperatura global. El estudio fue ampliamente rechazado por la comunidad científica y finalmente Lindzen tuvo que reconocer a regañadientes que su hipótesis era incorrecta.
En los últimos años las publicaciones de Lindzen han dejado de tener un carácter puramente académico y apuntan a denunciar al establishment científico, acusándolos de crear un falso alarmismo alrededor del calentamiento global para obtener recursos económicos que solventen sus investigaciones, y para el subsidio de las tecnologías de energías alternativas. Su artículo más polémico lleva el título “El clima del miedo” y fue publicado en abril de 2006 por el Wall Street Journal. Las declaraciones de Richard Lindzen resultaron explosivas: “El éxito del alarmismo climático puede medirse en los gastos federales en investigación climatológica, que de unos pocos cientos de millones de dólares en 1990, ascendieron a un total de 1700 millones de dólares en la actualidad. También se observa en el incremento de inversiones en tecnologías de energía solar, eólica, etanol entre otras.”
Pero Lindzen llega todavía más lejos con su denuncia: “Existe un aspecto mucho más siniestro en este frenesí de inversiones. Los científicos que están en desacuerdo con este alarmismo han visto sus fondos desaparecidos, sus trabajos cancelados y han sido tratados como dementes, científicos locos o cosas peores. En consecuencia, las mentiras sobre el cambio climático aumentan aunque se burlen de la ciencia en la que supuestamente se basan.”
El principal blanco de las críticas de Lindzen es el Premio Nobel de la Paz Al Gore. De acuerdo al controversial científico, en 1992 “Gore llevó a cabo dos audiencias en el Congreso en donde trató de acosar a los científicos disidentes -entre los que yo me incluía- para persuadirnos de cambiar nuestro punto de vista y apoyar al alarmismo climático”. Según Richard Lindzen, los contactos de Gore con el poder le sirvieron para imponer su influencia en puestos clave de la comunidad científica internacional, siendo apoyado por un grupo de eco-activistas radicales en su objetivo de chantajear y desacreditar a quienes no se manifiesten abiertamente a favor del Calentamiento Global Antropogénico.
Lindzen se considera a sí mismo con un David enfrentándose al Goliat de la comunidad científica. En sus recientes declaraciones, el académico apunta sus dardos contra “el inquebrantable triángulo de científicos del clima, grupos de apoyo y gestores de políticas con interés en provocar alarmismo”. Afirma también que conoce a “docenas” de científicos que están de acuerdo con él pero que no se atreven a decirlo públicamente, e insiste en que los grupos ambientalistas son los responsables de los mayores abusos de la Ciencia.
Lo cierto es que alrededor del debate sobre el calentamiento global asoman intereses muy influyentes, de orden político y económico. Por una parte, la prédica incesante de Al Gore (importante figura del Partido Demócrata que acaba de llegar al poder en los Estados Unidos de la mano de Barack Obama) se contrapone al contundente rechazo del republicano George W. Bush a la ratificación del Protocolo de Kyoto y a la manipulación y censura comprobada de documentos científicos relacionados con el calentamiento global.
La otra gran lucha -cuándo no- se centra en los poderosos intereses económicos que pueden resultar beneficiados o perjudicados ante las políticas que se tomen con respecto al calentamiento global. Así como Richard Lindzen acusa a los activistas ecológicos de causar el pánico para obtener mayores fondos en su propio beneficio, se sabe también que los grandes lobbies petroleros, del carbón y de otras empresas de energía están presionando con toda su influencia para negar la existencia del calentamiento global, ya que la aplicación de políticas de reducción de contaminación y consumo de combustibles fósiles produciría una drástica reducción de sus gigantescas ganancias. De hecho, existen pruebas de que el propio Lindzen y otros de sus colegas son apoyados económicamente por la petrolera Exxon Mobil, en una maniobra similar a la de las compañías tabacaleras que financian a científicos que intenten demostrar a toda costa que los cigarrillos no perjudican a la salud del fumador.
¿Cuál de las dos partes tiene la razón? Es difícil de asegurar entre tantas acusaciones cruzadas. Lo cierto es que mientras el dinero y el poder se entrometen en la investigación científica, nuestro querido planeta continúa siendo dañado y contaminado irremediablemente ante la impotencia de buena parte de la Humanidad, que no goza de los beneficios del progreso tecnológico pero igual debe sufrir sus consecuencias sobre el ambiente.
Richard Lindzen es docente de la cátedra de Meteorología en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) con más de 40 años en la actividad. Su trayectoria siempre se ha caracterizado por una férrea oposición a las tendencias científicas mayoritarias. Lindzen ha estado investigando el clima de la Tierra desde la década de 1960 y sus trabajos sobre la dinámica de la atmósfera han sido reconocidos por sus colegas como una obra de importancia fundamental. Incluso en 1977 fue elegido como miembro de la sección de Geofísica de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.
Desde hace un tiempo, este polémico científico ha intentado demostrar que el calentamiento global no existe o que de producirse, podría resultar beneficioso. De hecho, en el año 2001 Lindzen publicó un documento en donde especulaba que a medida que la Tierra se calentara, el nivel de vapor de agua en la atmósfera superior disminuiría en intensidad, permitiendo la fuga del calor y provocando una reducción de la temperatura global. El estudio fue ampliamente rechazado por la comunidad científica y finalmente Lindzen tuvo que reconocer a regañadientes que su hipótesis era incorrecta.
En los últimos años las publicaciones de Lindzen han dejado de tener un carácter puramente académico y apuntan a denunciar al establishment científico, acusándolos de crear un falso alarmismo alrededor del calentamiento global para obtener recursos económicos que solventen sus investigaciones, y para el subsidio de las tecnologías de energías alternativas. Su artículo más polémico lleva el título “El clima del miedo” y fue publicado en abril de 2006 por el Wall Street Journal. Las declaraciones de Richard Lindzen resultaron explosivas: “El éxito del alarmismo climático puede medirse en los gastos federales en investigación climatológica, que de unos pocos cientos de millones de dólares en 1990, ascendieron a un total de 1700 millones de dólares en la actualidad. También se observa en el incremento de inversiones en tecnologías de energía solar, eólica, etanol entre otras.”
Pero Lindzen llega todavía más lejos con su denuncia: “Existe un aspecto mucho más siniestro en este frenesí de inversiones. Los científicos que están en desacuerdo con este alarmismo han visto sus fondos desaparecidos, sus trabajos cancelados y han sido tratados como dementes, científicos locos o cosas peores. En consecuencia, las mentiras sobre el cambio climático aumentan aunque se burlen de la ciencia en la que supuestamente se basan.”
El principal blanco de las críticas de Lindzen es el Premio Nobel de la Paz Al Gore. De acuerdo al controversial científico, en 1992 “Gore llevó a cabo dos audiencias en el Congreso en donde trató de acosar a los científicos disidentes -entre los que yo me incluía- para persuadirnos de cambiar nuestro punto de vista y apoyar al alarmismo climático”. Según Richard Lindzen, los contactos de Gore con el poder le sirvieron para imponer su influencia en puestos clave de la comunidad científica internacional, siendo apoyado por un grupo de eco-activistas radicales en su objetivo de chantajear y desacreditar a quienes no se manifiesten abiertamente a favor del Calentamiento Global Antropogénico.
Lindzen se considera a sí mismo con un David enfrentándose al Goliat de la comunidad científica. En sus recientes declaraciones, el académico apunta sus dardos contra “el inquebrantable triángulo de científicos del clima, grupos de apoyo y gestores de políticas con interés en provocar alarmismo”. Afirma también que conoce a “docenas” de científicos que están de acuerdo con él pero que no se atreven a decirlo públicamente, e insiste en que los grupos ambientalistas son los responsables de los mayores abusos de la Ciencia.
Lo cierto es que alrededor del debate sobre el calentamiento global asoman intereses muy influyentes, de orden político y económico. Por una parte, la prédica incesante de Al Gore (importante figura del Partido Demócrata que acaba de llegar al poder en los Estados Unidos de la mano de Barack Obama) se contrapone al contundente rechazo del republicano George W. Bush a la ratificación del Protocolo de Kyoto y a la manipulación y censura comprobada de documentos científicos relacionados con el calentamiento global.
La otra gran lucha -cuándo no- se centra en los poderosos intereses económicos que pueden resultar beneficiados o perjudicados ante las políticas que se tomen con respecto al calentamiento global. Así como Richard Lindzen acusa a los activistas ecológicos de causar el pánico para obtener mayores fondos en su propio beneficio, se sabe también que los grandes lobbies petroleros, del carbón y de otras empresas de energía están presionando con toda su influencia para negar la existencia del calentamiento global, ya que la aplicación de políticas de reducción de contaminación y consumo de combustibles fósiles produciría una drástica reducción de sus gigantescas ganancias. De hecho, existen pruebas de que el propio Lindzen y otros de sus colegas son apoyados económicamente por la petrolera Exxon Mobil, en una maniobra similar a la de las compañías tabacaleras que financian a científicos que intenten demostrar a toda costa que los cigarrillos no perjudican a la salud del fumador.
¿Cuál de las dos partes tiene la razón? Es difícil de asegurar entre tantas acusaciones cruzadas. Lo cierto es que mientras el dinero y el poder se entrometen en la investigación científica, nuestro querido planeta continúa siendo dañado y contaminado irremediablemente ante la impotencia de buena parte de la Humanidad, que no goza de los beneficios del progreso tecnológico pero igual debe sufrir sus consecuencias sobre el ambiente.
martes, 5 de mayo de 2009
Las polémicas palabras del fundador del Weather Channel
“El calentamiento global es el mayor fraude de la Historia. Me siento espantado, sorprendido y ofendido por ello”. Las durísimas declaraciones del meteorólogo John Coleman causaron gran controversia, por tratarse del fundador de The Weather Channel, el servicio meteorológico privado más importante del mundo.
“El cambio climático no es una religión. No es algo en lo que uno debe creer. Es ciencia; la ciencia de la meteorología. Es mi campo, en el que he sido experto a lo largo de toda una vida. Y les aseguro que el calentamiento global es inexistente, es una crisis prefabricada y un fraude total”. Coleman, de 73 años, enfatiza estos conceptos en su blog del canal de televisión KUSI, en donde trabaja desde hace varios años. Y desde allí dispara con munición gruesa, atribuyendo la preocupación por el calentamiento global instalada en la sociedad, al fruto de diversas manipulaciones políticas, científicas y mediáticas.
Para Coleman, “los científicos saben que si los resultados de sus investigaciones no son alarmantes, su carrera se opacará y sus trabajos acumularán polvo en los estantes de las bibliotecas. Pero si durante su investigación consiguen hacer sonar alguna alarma, se volverán bien conocidos y respetados; recibirán premios académicos y lo más importante, los dólares para la investigación continuarán fluyendo”.
Los políticos y los medios de comunicación tampoco se salvan de la ira de John Coleman. “Los ambientalistas extremos, junto con notables políticos, se han aliado con ciertos medios periodísticos, gráficos y audiovisuales para crear este escenario pseudocientífico en el que la civilización se enfrentará a severas consecuencias debido al calentamiento global, a menos que todos sigamos a su agenda radicalizada”.
Coleman es uno de los pioneros de la meteorología en los medios, habiendo comenzado su carrera en 1953. Desde hace casi diez años se desempeña como pronosticador en KUSI, un pequeño canal de televisión de la ciudad de San Diego, California. De acuerdo a lo reseñado en su biografía, Coleman fue el ideólogo, fundador y director del Canal del Tiempo (The Weather Channel).
Sin embargo, su labor en el canal duró apenas un año y fue separado de este emprendimiento hace un cuarto de siglo. Coleman recuerda, no sin cierta amargura: “los chicos malos me lo quitaron, pero no pueden ignorar el hecho de que fue mi idea y que yo la puse en marcha durante el primer año. Yo puse todo de mí para que The Weather Channel se convirtiera en el éxito que es ahora”.
Las polémicas declaraciones de Coleman, por cierto, no son compartidas por The Weather Channel, cuyos representantes, ante las constantes referencias a su nombre en los medios, se vieron obligados a desmentirlo y publicar su propia opinión. Allí resaltan que Coleman se desvinculó de la empresa en 1983 y que en la actualidad, The Weather Channel está firmemente comprometido a educar a la comunidad en relación al cambio climático global, así como a fomentar las iniciativas individuales que marquen la diferencia.
Además, The Weather Channel ha manifestado muy claramente su opinión con respecto a la problemática del calentamiento global, afirmando de forma tajante que el calentamiento global es una realidad y no una ficción, que la influencia de la actividad humana es determinante en el aumento promedio de las temperaturas y que deben comenzar a tomarse medidas de inmediato para revertir o al menos disminuir los efectos negativos que habrán de producirse en las próximas décadas.
“El calentamiento global es el mayor fraude de la Historia. Me siento espantado, sorprendido y ofendido por ello”. Las durísimas declaraciones del meteorólogo John Coleman causaron gran controversia, por tratarse del fundador de The Weather Channel, el servicio meteorológico privado más importante del mundo.
“El cambio climático no es una religión. No es algo en lo que uno debe creer. Es ciencia; la ciencia de la meteorología. Es mi campo, en el que he sido experto a lo largo de toda una vida. Y les aseguro que el calentamiento global es inexistente, es una crisis prefabricada y un fraude total”. Coleman, de 73 años, enfatiza estos conceptos en su blog del canal de televisión KUSI, en donde trabaja desde hace varios años. Y desde allí dispara con munición gruesa, atribuyendo la preocupación por el calentamiento global instalada en la sociedad, al fruto de diversas manipulaciones políticas, científicas y mediáticas.
Para Coleman, “los científicos saben que si los resultados de sus investigaciones no son alarmantes, su carrera se opacará y sus trabajos acumularán polvo en los estantes de las bibliotecas. Pero si durante su investigación consiguen hacer sonar alguna alarma, se volverán bien conocidos y respetados; recibirán premios académicos y lo más importante, los dólares para la investigación continuarán fluyendo”.
Los políticos y los medios de comunicación tampoco se salvan de la ira de John Coleman. “Los ambientalistas extremos, junto con notables políticos, se han aliado con ciertos medios periodísticos, gráficos y audiovisuales para crear este escenario pseudocientífico en el que la civilización se enfrentará a severas consecuencias debido al calentamiento global, a menos que todos sigamos a su agenda radicalizada”.
Coleman es uno de los pioneros de la meteorología en los medios, habiendo comenzado su carrera en 1953. Desde hace casi diez años se desempeña como pronosticador en KUSI, un pequeño canal de televisión de la ciudad de San Diego, California. De acuerdo a lo reseñado en su biografía, Coleman fue el ideólogo, fundador y director del Canal del Tiempo (The Weather Channel).
Sin embargo, su labor en el canal duró apenas un año y fue separado de este emprendimiento hace un cuarto de siglo. Coleman recuerda, no sin cierta amargura: “los chicos malos me lo quitaron, pero no pueden ignorar el hecho de que fue mi idea y que yo la puse en marcha durante el primer año. Yo puse todo de mí para que The Weather Channel se convirtiera en el éxito que es ahora”.
Las polémicas declaraciones de Coleman, por cierto, no son compartidas por The Weather Channel, cuyos representantes, ante las constantes referencias a su nombre en los medios, se vieron obligados a desmentirlo y publicar su propia opinión. Allí resaltan que Coleman se desvinculó de la empresa en 1983 y que en la actualidad, The Weather Channel está firmemente comprometido a educar a la comunidad en relación al cambio climático global, así como a fomentar las iniciativas individuales que marquen la diferencia.
Además, The Weather Channel ha manifestado muy claramente su opinión con respecto a la problemática del calentamiento global, afirmando de forma tajante que el calentamiento global es una realidad y no una ficción, que la influencia de la actividad humana es determinante en el aumento promedio de las temperaturas y que deben comenzar a tomarse medidas de inmediato para revertir o al menos disminuir los efectos negativos que habrán de producirse en las próximas décadas.
domingo, 3 de mayo de 2009
martes, 16 de diciembre de 2008
Ambientalismo, la nueva cara del colonialismo
Por Eduardo Leguizamón
Durante la vigencia del colonialismo europeo hasta el siglo XIX se desarrolló una ideología que presuponía dos universos distintos: uno para el mundo desarrollado y otro para el mundo subdesarrollado. Aunque la cultura occidental está basada en los principios de las revoluciones francesa y norteamericana, cada tanto afloran manifestaciones colonialistas que coexisten con la cultura europea donde todavía subsisten instituciones jerárquicas injustas como la monarquía. Esta ideología cruel ha aflorado recientemente bajo la forma del ambientalismo y se ha ensañado en particular con Brasil y la Argentina. No es un hecho casual que el campeón de esta ideología sea Carlos de Inglaterra.
* * *
El monte nativo y la pobreza: estos montes existían en Europa y cubrían gran parte de su territorio, fueron sistemáticamente reemplazados por cultivos agronómicos que finalizaron en la revolución verde, lo que hizo posible la autosuficiencia alimentaria de Europa al punto que hoy logró ser exportadora de cereales. Pero lo más importante es que transformó a seres indigentes en seres dignos. Hoy el monte nativo en Inglaterra ocupa el uno por ciento de su territorio. Por el contrario, en la Argentina el monte nativo ocupa más de 30 millones de hectáreas. El avance de la frontera agrícola permitirá duplicar el área sembrable en el país. En las provincias del Norte, el avance agrícola permitió transformar montes nativos que abrigaban pobreza, promiscuidad y miseria en cultivos de soja y maíz que no sólo están modificando la estructura social del norte, sino que también impactan sobre todas las industrias proveedoras de maquinarias e insumos agrícolas radicadas en los conurbanos de las grandes ciudades. El monte nativo no es algo romántico: por el contrario, es algo siniestro. En el habitan seres humanos que están más cerca de la escala animal que de la humana. No sólo no acceden a la más elemental dieta alimentaria sino que en muchos casos el analfabetismo es tal que se expresan con dificultad. La promiscuidad y las atrocidades morales llevan a casos horrorosos de consanguinidad: éste es el cuadro real del monte nativo. Las comunidades indígenas también se debaten en la misma miseria. El desmonte y la implantación de los cultivos agrícolas con tecnología son los que permiten transformar a estos seres que llevan vidas miserables en trabajadores agrícolas calificados, integrados al resto de la sociedad argentina. Se necesita mucha crueldad para querer que no se modifique esta situación.
Hoy más que nunca existe tecnología disponible: la siembra directa, los maíces y la soja RR para transformar estos montes que albergan sólo miseria, en una agricultura sustentable y generadora de empleo. La latitud del norte argentino permite el doble cultivo que bajo el sistema de siembra directa mantiene el tamiz vegetal a lo largo del tiempo. Quienes hablan de desertificación ignoran que a ella conduce el deterioro natural del monte nativo. El desmonte y la agricultura sustentable conducen exactamente a lo contrario. Esto lo demuestra día tras día el avance de la frontera agrícola. Y además estos cultivos captan más carbono de la atmósfera que un monte nativo.
Si bien el avance de la frontera agrícola será a través de cultivos agronómicos, en aquellas zonas que carezcan de dicha aptitud los montes nativos deberían ser reemplazados por forestaciones industriales. Europa que acabó con sus montes nativos al igual que Estados Unidos, hoy son los principales productores y exportadores forestales del mundo.
Las producciones de estos países son todos monocultivos forestales; han acabado con la biodiversidad porque ésta es incompatible con el desarrollo económico. Pero los ambientalistas las proponen para los países pobres para que continúen siendo pobres. Si los ambientalistas europeos quisieran restablecer la biodiversidad tienen la posibilidad de restablecerla en Europa. Por otra parte, para mantener la biodiversidad se requieren superficies minúsculas, que laboratorios y criaderos de semillas en la actualidad mantienen como fuentes genéticas.
* * *
La subversión de los valores morales: el ambientalista europeo prioriza la subsistencia de un reptil o de un animal salvaje frente a la de un ser humano sobre todo si este ser humano habita un país subdesarrollado y es de color. Para nosotros todos lo animales salvajes y todos, los reptiles del mundo no valen lo que vale un solo ser humano. Hay una relación directa entre la desaparición de estos animales y el desarrollo de la vida en condiciones dignas. La perversión moral es de tal magnitud que recientemente la televisión británica mostraba cómo en un país africano un veterinario británico le aplicaba una inyección somnífera a un tigre recientemente atrapado que había atacado a un chico nativo con el objeto de liberarlo en un lugar alejado de la población. Esta magnífica obra de los ambientalistas iba a permitir que el tigre tardara algo más en destrozar a otro niño.
La carrera delictiva: las organizaciones ambientalistas europeas tienen un verdadero prontuario de hechos delictivos que conforman una conducta tipificada en el Código Penal argentino. Sistemáticamente han irrumpido y destruido cultivos agronómicos transgénicos, han saqueado laboratorios, han interrumpido el tráfico en rutas, han saqueado supermercados y destruido alimentos. Han impedido por la fuerza la construcción de un gasoducto indispensable para hogares y fábricas. Recientemente en una acción dirigida contra la Argentina interrumpieron la descarga de un barco de soja argentina en un puerto español. Por ello, es obligación de la Procuración General de la Nación, de los fiscales de Estado, del gobierno nacional y gobiernos provinciales conducirlos a la justicia, procesarlos y encarcelarlos.
El autor es productor y presidente de Quebrachito SA.
Archivo EETMA 358 - Labordeboy
Durante la vigencia del colonialismo europeo hasta el siglo XIX se desarrolló una ideología que presuponía dos universos distintos: uno para el mundo desarrollado y otro para el mundo subdesarrollado. Aunque la cultura occidental está basada en los principios de las revoluciones francesa y norteamericana, cada tanto afloran manifestaciones colonialistas que coexisten con la cultura europea donde todavía subsisten instituciones jerárquicas injustas como la monarquía. Esta ideología cruel ha aflorado recientemente bajo la forma del ambientalismo y se ha ensañado en particular con Brasil y la Argentina. No es un hecho casual que el campeón de esta ideología sea Carlos de Inglaterra.
* * *
El monte nativo y la pobreza: estos montes existían en Europa y cubrían gran parte de su territorio, fueron sistemáticamente reemplazados por cultivos agronómicos que finalizaron en la revolución verde, lo que hizo posible la autosuficiencia alimentaria de Europa al punto que hoy logró ser exportadora de cereales. Pero lo más importante es que transformó a seres indigentes en seres dignos. Hoy el monte nativo en Inglaterra ocupa el uno por ciento de su territorio. Por el contrario, en la Argentina el monte nativo ocupa más de 30 millones de hectáreas. El avance de la frontera agrícola permitirá duplicar el área sembrable en el país. En las provincias del Norte, el avance agrícola permitió transformar montes nativos que abrigaban pobreza, promiscuidad y miseria en cultivos de soja y maíz que no sólo están modificando la estructura social del norte, sino que también impactan sobre todas las industrias proveedoras de maquinarias e insumos agrícolas radicadas en los conurbanos de las grandes ciudades. El monte nativo no es algo romántico: por el contrario, es algo siniestro. En el habitan seres humanos que están más cerca de la escala animal que de la humana. No sólo no acceden a la más elemental dieta alimentaria sino que en muchos casos el analfabetismo es tal que se expresan con dificultad. La promiscuidad y las atrocidades morales llevan a casos horrorosos de consanguinidad: éste es el cuadro real del monte nativo. Las comunidades indígenas también se debaten en la misma miseria. El desmonte y la implantación de los cultivos agrícolas con tecnología son los que permiten transformar a estos seres que llevan vidas miserables en trabajadores agrícolas calificados, integrados al resto de la sociedad argentina. Se necesita mucha crueldad para querer que no se modifique esta situación.
Hoy más que nunca existe tecnología disponible: la siembra directa, los maíces y la soja RR para transformar estos montes que albergan sólo miseria, en una agricultura sustentable y generadora de empleo. La latitud del norte argentino permite el doble cultivo que bajo el sistema de siembra directa mantiene el tamiz vegetal a lo largo del tiempo. Quienes hablan de desertificación ignoran que a ella conduce el deterioro natural del monte nativo. El desmonte y la agricultura sustentable conducen exactamente a lo contrario. Esto lo demuestra día tras día el avance de la frontera agrícola. Y además estos cultivos captan más carbono de la atmósfera que un monte nativo.
Si bien el avance de la frontera agrícola será a través de cultivos agronómicos, en aquellas zonas que carezcan de dicha aptitud los montes nativos deberían ser reemplazados por forestaciones industriales. Europa que acabó con sus montes nativos al igual que Estados Unidos, hoy son los principales productores y exportadores forestales del mundo.
Las producciones de estos países son todos monocultivos forestales; han acabado con la biodiversidad porque ésta es incompatible con el desarrollo económico. Pero los ambientalistas las proponen para los países pobres para que continúen siendo pobres. Si los ambientalistas europeos quisieran restablecer la biodiversidad tienen la posibilidad de restablecerla en Europa. Por otra parte, para mantener la biodiversidad se requieren superficies minúsculas, que laboratorios y criaderos de semillas en la actualidad mantienen como fuentes genéticas.
* * *
La subversión de los valores morales: el ambientalista europeo prioriza la subsistencia de un reptil o de un animal salvaje frente a la de un ser humano sobre todo si este ser humano habita un país subdesarrollado y es de color. Para nosotros todos lo animales salvajes y todos, los reptiles del mundo no valen lo que vale un solo ser humano. Hay una relación directa entre la desaparición de estos animales y el desarrollo de la vida en condiciones dignas. La perversión moral es de tal magnitud que recientemente la televisión británica mostraba cómo en un país africano un veterinario británico le aplicaba una inyección somnífera a un tigre recientemente atrapado que había atacado a un chico nativo con el objeto de liberarlo en un lugar alejado de la población. Esta magnífica obra de los ambientalistas iba a permitir que el tigre tardara algo más en destrozar a otro niño.
La carrera delictiva: las organizaciones ambientalistas europeas tienen un verdadero prontuario de hechos delictivos que conforman una conducta tipificada en el Código Penal argentino. Sistemáticamente han irrumpido y destruido cultivos agronómicos transgénicos, han saqueado laboratorios, han interrumpido el tráfico en rutas, han saqueado supermercados y destruido alimentos. Han impedido por la fuerza la construcción de un gasoducto indispensable para hogares y fábricas. Recientemente en una acción dirigida contra la Argentina interrumpieron la descarga de un barco de soja argentina en un puerto español. Por ello, es obligación de la Procuración General de la Nación, de los fiscales de Estado, del gobierno nacional y gobiernos provinciales conducirlos a la justicia, procesarlos y encarcelarlos.
El autor es productor y presidente de Quebrachito SA.
Archivo EETMA 358 - Labordeboy
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


