viernes, 7 de octubre de 2011

Péguenle al Glifosato

En nuestro país la producción de Soja experimentó un crecimiento sin igual a partir de la segunda mitad de los años ‘90. Para ser más preciso hasta el año 1996 el incremento de la producción argentina de Soja aumentaba a razón de medio millón de toneladas por año, pero a partir de ahí el incremento se fue a las nubes, ya que en promedio la producción aumentó unos 3,5 millones de toneladas por año hasta el 2007 (ya todo sabemos lo que ocurrió en 2008). En números reales la Argentina pasó de 12,5 millones de ton de soja en el ‘96 a 47 millones de ton en 2007.
¿Qué sucedió para que ocurriera semejante aumento en la producción?; la respuesta es sencilla, la aparición de cultivares de soja genéticamente modificados que la hacían resistentes al herbicida “Glifosato” el cual había sido desarrollado por científicos de la Empresa Monsanto en el año 1970 bajo la denominación comercial “ROUND UP”. Dicho Herbicida tuvo un valor muy alto mientras esta empresa lucraba con los royalties (algo así como los derechos de autor para ser más gráfico), pero en 1993 se le acabaron esos derechos lo que permitía que cualquier empresa del rubro lo pudiera producir sin tener que pagar franquicias. Tengamos en cuenta que el capital de estas empresas farmacéuticas radica en el valor de sus productos, sobre todo cuando éstos son de exclusividad, y que el desarrollo de una nueva molécula demanda entre 80 y 200 millones de dólares y de 5 a 10 años de investigación (pregunta: ¿Dónde trabajan la mayoría de los grandes científicos “Premios Nobel”?; Rta: en éstas compañías por supuesto).
Monsanto de su parte vio que la ingeniería genética estaba tan avanzada que era posible incorporar al material genético (ADN) de la soja genes de alguna otra especie que fueran los responsables de resistencia ó elevada tolerancia al Glifosato. Así lo encontró en la Petunia y a partir de ese momento, ya no sería necesario utilizar esos cócteles de herbicidas carísimos que no solucionaban del todo el “control” de malezas, ya que las mismas podían ser eficientemente “erradicadas” por el glifosato, cuyo bajo precio y efectividad produjo una explosión en la producción, no solamente por el aumento de rendimiento por la falta de competencia de malezas por nutrientes, agua y espacio , sino porque permitió que el cultivo de soja fuera rentable en muchas provincias consideradas hasta ese momento “marginales”; hoy gran parte de la soja que se produce en nuestro país proviene de regiones externa a la Pampa Húmeda. Esto provocó que la Comunidad Económica Europea (CEE) pusiera el grito en el cielo ya que la mayoría de los productos usados en el mundo para el control de malezas en soja pertenecían a laboratorios de su territorio (Basf, Bayer, Cyanamid, Duperial, etc.) y éstos de un día para el otro dejaron de ser demandados. Esto trajo aparejado que movimientos ecológicos como Greenpeace y los gobiernos europeos inclusive (tengamos en cuenta que entre Estados Unidos y la CEE existe una guerra comercial no declarada desde hace muchos años), se resistieran a la importación y consumo de éstos alimentos “genéticamente transformados” y por varios años gastaron millones de euros en investigaciones para que le encontraran “algo” a estos granos. Finalmente se dieron por vencidos y hoy los importan sin ninguna restricción. Pregunta: ¿alguien vio a gente de Greenpeace (movimiento ecologista europeo) cortando los puentes a Uruguay, en repudio a las Empresas BOTNIA y ENCE de capitales Finlandeses y Españoles; Rta: NO, (¡qué casualidad!).
Hasta aquí todo es historia, pero resulta que desde el año pasado viene ocurriendo una cadena de denuncias acerca del uso del glifosato en las áreas cercanas a las poblaciones del interior, consideremos que nuestros pueblos terminan donde comienza el campo, es decir, no existen como en las ciudades zonas de transición como quintas, parques industriales, clubes, etc.
La provincia de Santa Fe mediante la Ley Provincial 11.273 posee la legislación más avanzada en materia de comercialización, uso y aplicación de Productos Fitosanitarios del país, muy por delante de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, por decir las más importantes.
En ella se encuentran considerados todos los aspectos que conciernen a la responsabilidad de todos los actores que intervienen en el uso de agroquímicos, y determina entre otras cosas las distancias que se deben guardar de acuerdo a la toxicidad de un producto a la zona urbana. Para el caso del Glifosato, este se puede realizar desde la zona cero, es decir desde el borde de la zona poblada ya que pertenece al GRUPO IV (grupo toxicológico determinado por la Organización Mundial de la Salud).

Es injusto pretender denostar de esa manera a un Herbicida que no ha podido ser demostrada ninguna cualidad negativa, inclusive en la CEE está permitido aplicaciones de hasta 12 Litros por hectárea y no crean que allí no existen controles estrictos, es más en muchos casos países como el nuestro adhieren a sus normas porque reconocen la seriedad con que se hacen.
Entre sus cualidades más destacadas se puede mencionar su “nula residualidad” en el suelo, ya que es degradado (en otras palabras “comido”) por los microorganismos; además posee una “Tensión de Vapor” (capacidad de evaporarse) 87 millones de veces inferior a la del agua, lo que asegura que no se evapora.
Como dije anteriormente pertenece a la calase toxicológica “Clase IV”, que de acuerdo a la OMS se encuadran en él aquellos productos con una DL50 (Dosis Letal Media) es decir, la cantidad de mg de producto por kilogramo de peso vivo que puede provocar el 50% de sobrevida ó muerte, de más de 3000 mg/kg de peso vivo, pero el Glifosato tiene una DL50 = 5400 mg/kg de p.v., esto significa que una persona que pesa 100 kg debería ingerir 540 gramos del producto comercial para tener la mitad de probabilidad de muerte o sobrevida, pero como este producto no se aplica puro, sino en mezcla con agua que de acuerdo a las formas más difundidas es de 3 litros del mismo aproximadamente en 100 litros de agua, lo que representa una concentración del 3%, de este Caldo ó Mezcla, dicha persona debería ingerir por vía oral unos 9,3 litros de una sola vez.
Por otro lado ningún profesional aceptaría realizar una aplicación de Glifosato con vientos que provoquen deriva del producto fuera del lote ya sea hacia un centro urbano ó hacia un lote vecino susceptible, en mi experiencia personal he avalado con mi firma aplicaciones no a metros sino a centímetros de otro cultivo como trigo ó maíz, por lo que es impensado que algo nocivo como se cree se produzca cuando se realizan aplicaciones cerca de una población.
La concientización y el profesionalismo que veo en el sector agropecuario en todos sus niveles, me gustaría verlos en otros ámbitos. Los que estamos en esta actividad seríamos los primeros en advertir que algo de lo que aplicamos es dañino ya que también nosotros tenemos familia y en muchos casos vivimos al lado de los cultivos.
Mi intención en este artículo es disipar dudas y aclarar que no existe peligro alguno con el uso del Glifosato y muchos otros productos que se aplican, y que lejos de hacernos un mal nos han traído bienestar a todos.
Seamos objetivos a la hora de hablar de estos temas y no nos dejemos llevar por intereses que en definitiva quieren de nosotros un país pobre y su población dividida.
Tenemos un gobierno que busca cualquier oportunidad para pegarle al campo sea con lo que fuere, para eso sí tiene cuenta con funcionarios idóneos y obsecuentes por todos lados; pero pasarán, y nosotros tendremos que seguir produciendo, no solo para un futuro mejor, sino también para indemnizar un pasado vergonzoso.


Ing. Agr. Alcides José Gutiérrez – Mat: 2-0361
Asesor Técnico Nº de Registro 489 - Departamento Control Fitosanitario – Dirección de Sanidad Vegetal – Ministerio de la Producción – Provincia de Santa Fe

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